El Arte... Un Laboratorio para la Vida


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  1. SOY - PUEDO - DOY
    Recuperar el Poder a través del arte
    Uno de los grandes motivos de sufrimiento en la sociedad actual es sin duda la sensación de minusvalía, de impotencia, de no reconocimiento. Esto empieza muchas veces en el propio seno familiar pero después la sociedad lo intensifica mostrando modelos inalcanzables e ilusorios. Si se le suma a esto la tendencia a lo pasivo y a la dispersión nos encontramos con niños, adolescentes, jóvenes y adultos que viven en un estado de tensión permanente de NO PUEDO.
    El ejercicio de cualquier arte debe ser el espacio para recuperar este lugar activo, el poder ligado al PUEDO y no como control sobre un otro, al encuentro con mi identidad que me hace único e individual. El grupo entonces actúa como leña donde puede surgir el fuego del ser individual. Esto se ve muy claramente en toda música y danza con origen africano, el jazz, la música centroamericana, donde el solista se destaca gracias al grupo que lo sostiene, donde ese rol va rotando, expreso mi individualidad y vuelvo al grupo a nutrir a otro, sucede lo tribal, y esto brinda una experiencia de alegría, de pertenencia y de valorización que luego afecta todos los aspectos de la vida. Se pierde el miedo, la sensación de aislación, la mirada del otro es una mirada amorosa.
    Cuando además se trabaja sobre el cuerpo, la voz y la palabra, estamos tocando las fibras mas profundas de nuestro ser. El cuerpo vive comprimido, lleno de miedos que se alojan en los músculos y los órganos. Poder descomprimirlo, conectar con lo que sentimos, enraizar para luego poder tener dirección, objetivo, y asi ocupar el espacio sin miedos, es una experiencia que luego se lleva a todos los ámbitos de la vida. La música habita en nuestra vida en forma de ritmo desordenado, por eso vivirlo en su forma organica, organizado ordena el sistema nervioso, da vitalidad, alegría. El canto abre nuestra necesidad de expresión emocional, nos lleva a recuperar nuestra música, palabras poéticas, nos conecta con los pueblos que la crearon. Además es nuestra relación profunda con el aliento, el air, el suspiro, el lamento, la risa, el llanto y la posibilidad de crear desde allí belleza musical. El trabajo sobre la palabra es el compromiso con una idea… con un sentimiento. No por nada en todas las culturas de la humanidad la palabra mágica era sanadora. Pero cuerpo, voz y palabra forman una unidad que tiene como eje la musicalidad que conlleva, el cuerpo y la energía que la nutre, la mente que la condensa y organiza, la emoción que la sostiene. Siempre nos estamos expresando desde nuestro cuerpo, nuestra voz y nuestra palabra, el trabajo artístico es un maravilloso laboratorio para aprender, cuanto antes mejor, a usar estas herramientas para la calidad de vida, la comunicación y la manifestación de mi identidad. El trabajo artístico me conecta entonces a través del PUEDO con lo que SOY ya que produzco un hecho artístico desde mi identidad y no una esteril imitación del mercado. Y es ahí que orgullosamente puedo tener la alegría de DARLA a los demás y asi retroalimentar mi sensación de valor, de autoestima y seguir creciendo en mi SER.

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